Equidad de género: el talento no tiene género, pero las oportunidades sí

Equidad de género: ¿es necesaria una fecha en el calendario para hablar de igualdad?

Durante años hemos instalado una conversación recurrente: hablar de la mujer, de su rol, de su participación y de su liderazgo. Lo hacemos en marzo, lo hacemos en eventos, lo hacemos en discursos.

Pero la verdadera pregunta es otra:
¿por qué seguimos necesitando una fecha para hablar de algo que debería ser estructural en una sociedad y en las empresas?

La equidad de género no es un concepto conmemorativo. Es una condición de desarrollo.

Y, sin embargo, la realidad sigue mostrando una brecha evidente entre lo que se dice y lo que realmente ocurre en los espacios de decisión.

El talento no tiene género.
Pero las oportunidades, sí.

Esa es la discusión de fondo.

Mujeres en espacios de liderazgo: el problema no es el talento, es el acceso

En el Ecuador hay mujeres preparadas, con criterio, con capacidad de ejecución y con visión. Lo que muchas veces no existe no es el talento, sino el acceso. No es la capacidad, sino la confianza. No es la intención, sino la decisión de abrir espacios reales.

A medida que se asciende en las estructuras empresariales, la presencia de mujeres disminuye. No porque no puedan, sino porque no se les da la oportunidad. Porque los espacios de poder siguen siendo definidos, en gran medida, por quienes ya los ocupan.

Por eso, hablar de equidad no es un gesto simbólico. Es una discusión estructural.

Y también es una decisión.

Equidad en las empresas: no basta con el discurso, se necesita práctica

En lo personal, he tomado una posición clara: creo en las mujeres. Pero no como una narrativa que luce bien, sino como una convicción que se practica.

He construido equipos donde las mujeres tienen un rol central en la toma de decisiones. He apostado por su criterio, por su capacidad de análisis y por su liderazgo en entornos exigentes. Y los resultados han sido contundentes.

Porque cuando se abre el espacio, el talento responde.

Pero hay algo que aprendí en el camino: las convicciones personales no son suficientes si no se institucionalizan. Si no se trasladan a estructuras, a procesos y a espacios que las sostengan en el tiempo.

Este tema no termina en un discurso.
Continúa en los espacios donde se toman decisiones.

Te invito a conocer más sobre la propuesta que tenemos en el Consejo Violeta de la Cámara de Comercio de Quito
Un espacio con visión empresarial, liderazgo y acción.